Groups | Search | Server Info | Login | Register


Groups > es.charla.politica.misc > #132248

Re: Gabriel Albiac [Opinión] (was: Gabriel Albiac [Opinión])

From stalker <stalker@myemail.invalid>
Newsgroups es.charla.actualidad, es.charla.misc, es.charla.politica.misc
Subject Re: Gabriel Albiac [Opinión] (was: Gabriel Albiac [Opinión])
References <vvmmqc$3bqn1$1@dont-email.me>
Message-ID <lZChR.195232$eJca.77256@fx02.ams1> (permalink)
Organization Newshosting.com - Highest quality at a great price! www.newshosting.com
Date 2026-02-07 08:46 +0000

Cross-posted to 3 groups.

Show all headers | View raw


No, hermana, yo no te creo. A ti, hermano, tampoco
Un humano –del sexo que sea– es humano en tanto que capaz de optar entre
verdad y mentira. Sin esa potestad, podría ser un animal, una máquina o un
Dios; nunca un humano

Saltar de lo teológico a lo mundano es el modo más seguro de estrellarse.

«Cree y serás salvo» es un axioma teológico. Como tal es formulado por San
Pablo Hechos 16:31. Como axioma teológico, impecable: el abandono total en un
garante absoluto no puede, por definición, dejar resquicio a duda. Como Joseph
Ratzinger desarrollara con brillantez, esa identidad paulina de los conceptos
de fe y salvación está mediada por un tercero: caritas, a través del
Dios-Hombre, funde en la fe amor humano y divino. Es lo que da entidad a la
seca definición de la primera epístola de San Juan 4:16, Deus caritas est,
sobre la cual construiría Benedicto XVI –en la estela de Anders Nygren– alguno
de sus más notables textos.

Se cree en la absoluta verdad que solo una infinita divinidad puede
garantizarnos. De todo lo demás, se duda. Es el principio general de cautela
cognoscitiva, sin el cual ningún conocimiento sería regulable. En todo cuanto
a la razón mundana concierne, la negación precede a la afirmación. Dicho de
otro modo: toda afirmación debe ser dada por falsa mientras no se haya
demostrado que no lo es; la carga de la prueba recae sobre la afirmación. Es
la cautela metódica a la cual Bertrand Russell llamará «navaja de afeitar de
Ockham», en homenaje a su primer atisbador en el siglo XIV: «no hay que
multiplicar las entidades sin necesidad».

Sobre ese angular principio, sin el cual no hay lógica formal posible, reposa
el más crucial de los postulados jurídicos: toda acusación es falsa mientras
no se haya demostrado que no lo es; la carga de la prueba recae sobre el que
acusa; nunca sobre el acusado. En rápida elipsis se llama a eso «presunción de
inocencia». Que es una ficción metódica, sin la cual la garantía judicial no
existe.

El caso Mouliaá-Errejón ha sido la (desagradable) prueba de fuego del infierno
jurídico en el cual hemos sido instalados. En sí mismo, es la historia
irrisoria de una cadena de infantilismos y malentendidos toscos. Vulgar en
cada detalle. Y, en cada detalle, ajena a la gravedad que se supone a los
procedimientos judiciales. El malestar del juez instructor hacia los dos
ridículos comparecientes daba buena cuenta de ello. La narración de un ligue
nocturno que acaba en nada puede dar pie a una comedia chusca. No a una sala
de justicia.

Pero dio pie a eso. Sencillamente, porque la legislación española así lo
impone. En ninguna democracia europea ha sido suprimida la presunción de
inocencia en función del sexo de los comparecientes. Aquí sí, un acusado varón
está obligado a demostrar su inocencia ante la sola acusación de una
denunciante femenina. Pero una negación no puede demostrarse. Se da por
supuesta. En lógica formal como en lógica jurídica. El acusado al cual se
exige que demuestre no ser culpable, ese imposible, está ya condenado. En los
regímenes totalitarios se practicó –y se practica– mucho.

«Cree y serás salvo». Por analogía: «¡Hermana, yo sí te creo!» Puede que no
haya habido traslación tan letal para el garantismo jurídico en el último
medio siglo. Aplicar justicia en función de una «creencia», es poner al
querellante (la querellante, en este caso) en el lugar de la divinidad, cuyo
testimonio veracísimo por nadie podría ser cuestionado. Solo que no lo es. Por
definición, un humano –del sexo que sea– es humano en tanto que capaz de optar
entre verdad y mentira. Sin esa potestad, podría ser un animal, una máquina o
un Dios; nunca un humano. Creer verdad, todo lo que alguien dice, es el modo
más inequívoco de deshumanizarlo.

Linchado por sus antiguas camaradas de pandi-partido, Íñigo Errejón exhibe hoy
el teatro grotesco al cual nos abocaba a todos la pésima ley que él promovió.
Lo ridículo de la situación mueve a risa. Lo que hay tras ella es trágico.
Ciertamente, saltar de lo teológico a lo mundano es un modo muy seguro de
estrellarse.

Back to es.charla.politica.misc | Previous | Find similar


Thread

Re: Gabriel Albiac [Opinión] (was: Gabriel Albiac [Opinión]) stalker <stalker@myemail.invalid> - 2026-02-07 08:46 +0000

csiph-web